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Los sueños cumplidos de “El Cucho” Hernández

El delantero de 19 años podría debutar este jueves (6:30 p.m. Gol Caracol) con la selección de mayores, al lado de los jugadores que lo motivaron a ser futbolista. Esta es su historia.

La selección colombiana de fútbol fue una ilusión para Juan Camilo Hernández desde el momento en el que su papá le regaló el uniforme, en 2001, cuando él apenas tenía dos años. En esos días se disputaba en el país la Copa América y el estadio Hernán Ramírez Villegas, de Pereira —su ciudad natal—, era una de las sedes. Allí se jugaron dos partidos del torneo y se vivió un ambiente de fútbol y fiesta. En la casa de los Hernández Suárez se vieron los seis juegos que llevaron a Colombia a ganar la copa y se celebró la obtención del título, con el triunfo 1-0 ante México en el estadio El Campín, de Bogotá. Aunque Juan Camilo apenas daba sus primeros pasos, ya le ponían una réplica de aquel uniforme amarillo, azul y rojo, marca Reebok, que usaban Mario Alberto Yepes, Iván Ramiro Córdoba, Giovanni Hernández y Víctor Hugo Aristizábal, por mencionar a algunos de los referentes de ese equipo dirigido por Francisco Maturana.

Quizá fue coincidencia, pero por ese mismo tiempo en que el equipo nacional dio la única vuelta olímpica en su historia, Juan Camilo comenzó a patear balones. Lo hacía con la guía de sus padres, apasionados por el fútbol. En efecto, Néstor Fabián y Yanet jugaron como aficionados y su relación comenzó en un torneo de microfútbol, en el que el equipo de Néstor fue campeón y Yanet fue la goleadora en su categoría. Se enamoraron y al poco tiempo nació Juan Camilo.

Los domingos, el plan de familia era ir a ver los juegos de Néstor con los tres equipos en los que actuaba como delantero. Cuando se acababa el primer tiempo de cada juego, en vez de descansar y tomar algo para hidratarse, cogía un balón y se iba a un arco para que Juan Camilo pateara. Con cuatro años le pegaba muy duro a la pelota y la gente quedaba impresionada. “Yo veía un talento grande, pero debía ir paso a paso, sin desesperarme. Solo era cuestión de apoyarlo con calma y no presionarlo”, recuerda Néstor en diálogo.

El primer torneo que Juan Camilo ganó fue cuando tenía cinco años. Fue un evento que organizó su padre, quien podó un potrero que había en el barrio, puso dos arcos e invitó a niños. Eran equipos de tres jugadores: dos hombres y una mujer. Juan Camilo jugó junto a dos primos y fue quien levantó el trofeo al final. Usó el uniforme del Real Madrid, equipo que se metió en el corazón del pequeño desde que vio a Ronaldo con esa camiseta haciendo goles.

Por esos mismos días entró a la escuela de fútbol Indubolsas, en la que se formó como jugador. A pesar de su corta edad, siempre estuvo en equipos de categorías mayores, así que era el más pequeño, pero también el mejor. A los cinco años jugaba con niños de ocho. “Con este pelaíto tiene que pasar algo”, decía Manuel Ramírez, su entrenador en la escuela Dunga, en donde jugaba otros torneos en los que Indubolsas no participaba. Allí actuó de los siete a los doce años, cuando comenzó a integrar la selección de Risaralda.

Cuando José Pékerman asumió el cargo de director técnico de la selección colombiana y se puso en marcha el plan retorno a una Copa del Mundo, Juan Camilo ni siquiera tenía claro si iba a poder llegar al profesionalismo, si su sueño de llegar a ponerse el uniforme de Colombia podría hacerse realidad. Mientras David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado y Radamel Falcao García, por mencionar a algunos, comenzaron la eliminatoria a Brasil 2014, él ni siquiera estaba en un club profesional, solo hacía parte de la selección de Risaralda. Al año siguiente de que James Rodríguez brillara en el Mundial de 2014 y llegara al Real Madrid, Juan Camilo firmó su primer contrato con el Deportivo Pereira.

“Él siempre admiró a los futbolistas de la selección de Colombia, sufría mucho viendo los partidos y disfrutaba de los triunfos como si fueran de él. Sus máximos ídolos y referentes siempre fueron James Rodríguez, Falcao y Juan Fernando Quintero; ahora él ha llegado al lugar de ellos, está en la selección de Colombia compartiendo con los tres. Creo que es el momento soñado de cualquier persona”, dice emocionado Néstor, quien dio lo que tenía y más para que su hijo pudiera consolidarse como futbolista. “Yo nunca quise trabajar en una empresa ni me quise ir fuera de Pereira. Preferí trabajar en la calle, haciendo lo que tocara para poder tener tiempo por las tardes y dedicarme a Juan Camilo. Mi prioridad era él. No me gustaba que se fuera en bus junto a su mamá, así que yo los acompañaba”, rememora Néstor, quien con la ilusión de darle lo mejor a su hijo o por lo menos todo lo que necesitara para sentirse bien, vendía pulpa de frutas, hacía jardinería en casas de familia y en parques, vendía huevos, pollo, carne, “lo que me tocara”, dice con emoción. Los fines de semana, mientras su pequeño jugaba partidos de la Liga de Risaralda, él era árbitro en juegos aficionados.

El Cucho —como le dicen desde pequeño, porque le gustaba tener la cabeza rapada y porque admiraba al exfutbolista argentino Esteban El Cuchu Cambiasso, tiene 19 años, jugó en el Pereira, el América de Cali y ahora está en el Huesca, de España, equipo con el que fue el máximo goleador la temporada anterior y logró el ascenso a la primera división. Este año, en la mejor liga del mundo, le marcó al Barcelona en el Camp Nou y ha demostrado que no está pequeño para los grandes retos que tiene. Hoy, ante Estados Unidos, podría debutar con la selección de mayores de Colombia, jugando al lado de sus ídolos, con la misma camiseta amarilla que hace 17 años le regaló su papá.

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